Cannabis para una nueva forma de medicina: “Hay que recuperar el equilibro del cuerpo”

Especialista en oftalmología y enfermedades autoinmunes, Ignacio Ferrari destaca las posibilidades que aporta el cannabis medicinal para el tratamiento de distintas patologías que van más allá del ojo y los desafíos de la terapia cannábica en la actualidad.

“Los médicos cannábicos vemos la enfermedad como un desequilibrio. Una pérdida de la homeostasis, que es el equilibrio que debe mantener nuestro cuerpo. Eso es lo que tenemos que recuperar”, afirma Ignacio Ferrari, oftalmólogo especializado en patologías autoinmunes y neurodegenerativas y referente en el uso de cannabis medicinal. Actualmente preside el Instituto Argentino de Endocannabinología (IADEN) y dirige una clínica de oftalmología. El cannabis al frente de una nueva forma de entender la medicina.

Ignacio trabaja hace más de cinco años con cannabis medicinal. Los primeros pacientes no fueron directamente por el ojo, sino en tratamientos oncológicos con repercusión en el ojo. Hoy también hace docencia en este aprender constante que es la medicina cannábica. “Todos los meses estamos haciendo ateneos internacionales, con gente de Chile, Perú, México, Venezuela, España”, cuenta. 

Al entender la salud como un todo, Ferrari destaca la importancia del sistema endocannabinoide en el tratamiento: “Está relacionado con un montón de funciones en el cuerpo. Van desde la regulación de la temperatura, el apetito, no solo de comida sino también el sexual, las funciones hormonales. También cuestiones inflamatorias, el sueño, todas cosas que parecen etéreas pero resultan clave para lograr ese equilibrio, para tener salud”.  Y destaca la clave de no transitar en solitario el camino para lograr el efecto deseado. “Es importante el seguimiento del tratamiento por un médico. Pero también enseñarle al paciente la autogestión de la salud”, define Ferrari, que se especializó tanto en instituciones de afuera como en universidades locales.

El ojo como síntoma 

“Muchas patologías saltan por el ojo. Por ejemplo, hay artritis reumatoideas que el paciente no viene con dolor en las articulaciones, sino que viene porque se le secan o le duelen los ojos”, explica. Y continúa: “Lo que pasa en estas autoinmunes es que nuestro cuerpo tiene una reacción inmunológica desproporcionada con lo que tiene enfrente. Nosotros tenemos  nuestro sistema inmunitario, que son los soldaditos que nos defienden de las enfermedades. Por ejemplo, viene una bacteria y se activa nuestro sistema inmunitario, nuestros glóbulos blancos, matan esa bacteria y nos curamos. Hay veces, como en las alergias, que reacciona desproporcionadamente y se desencadena una cascada inflamatoria muy grande que afecta a las articulaciones. Ahí la llamamos artritis reumatoidea. Pero también puede afectar la piel y llamarse psoriasis. O a las mucosas, y es síndrome de Sjogren”. 

“Si hablamos propiamente de oftalmología y cannabis, hay tres patologías en las que nos enfocamos: maculopatía, enfermedades autoinmunes que tienen repercusión en la superficie ocular (“ojo seco”) y glaucoma”, afirma Ignacio y aclara: “Pero también hay otras cuestiones como la diabetes, que trae problemas oculares y estamos viendo mejoras en la retinopatía diabética al usar cannabis. No tengo tanta información para afirmar que esto es así, pero lo que sí puedo asegurar es que el THC-V regula la glucemia y eso es beneficioso para el diabético”.

Tratamientos: ¿qué funciona y qué no?

Uno de los tratamientos directamente relacionado con la oftalmología y cannabis donde mayor éxito se ve es el aplicado al “ojo seco secundario a patologías autoinmunes”. Al producirse un desequilibrio en las lágrimas, que lubrican el ojo, el constante parpadeo hace que este se inflame por la falta de lubricación. El cannabis trata esa inflamación y ayuda a mejorar la parte oleosa de las lágrimas. “Hay una patología que suelo atender, que es el síndrome de Sjogren. Los pacientes se quedan sin saliva, lágrimas y líquidos en los genitales. Llegan con hongos, cándidas, al no poder comer se complica el sistema inmunitario. El cannabis resulta un excelente antifúngico a nivel de la lengua. A su vez sirve como coadyuvante porque me permite darle menor cantidad de corticoides para tratar la inflamación. Tenemos casos muy exitosos, pacientes que han llegado desahuciados y hoy es otra la realidad”, cuenta Ferrari.

La segunda patología con más posibilidades es la maculopatía, una enfermedad degenerativa que en muchos casos lleva a la ceguera. “Hay dos tipos: húmeda y seca. La primera es que hay agua en la retina y existe un tratamiento ya en la oftalmología que es la utilización de antiangiogénicos. En cambio, para la seca, no había mucho para hacer y si bien es de evolución lenta, se le daba omega 3 como antioxidante y se hacía el seguimiento. Ahora, utilizando el pensamiento lateral, si con cannabis en otras patologías estoy retrasando el envejecimiento, disminuyendo el estrés oxidativo y la cicatrización en los tejidos, ¿por qué no va a servir en la mácula? Además estamos frente a una enfermedad invalidante, ¿cómo no probar algo que se le conocen tan pocos efectos adversos?”, explica el especialista.

Glaucoma y cannabis

Por último, Ferrari se mete de lleno con la que quizás más se habla y más expectativa genera. El glaucoma es el que más se conoce porque es el que más gente padece. Pero los resultados no son tan espectaculares como en otras”, dice. Según sostiene, hay diferentes estudios que muestran cómo el THC ayuda a disminuir la presión ocular, uno de los principales objetivos en el tratamiento de esta patología. Pero también hay un estudio publicado en PubMed que pone en duda sobre el efecto que puede tener el CBD, por lo que debería utilizarse THC puro. Ahí residen dos problemas. Uno es que no existe una manera de utilizarlo directamente en el ojo y que, de hacerlo por otra vía, la cantidad que se necesita debería ser tan alta que no sería compatible con una vida social. “Por eso hoy no es el cannabis la primera línea para el tratamiento de glaucoma. Pero sí tiene utilidad como coadyuvante y como neuroprotector, porque vamos a proteger al nervio del estrés oxidativo a largo plazo”, aclara.

“Es un ahorrador de medicación”

Una de las claves que Ferrari remarca es la utilización del cannabis para distintos tratamientos en los que su finalidad no es la cura, sino que ayuda a que la persona pueda bajar las dosis de otras drogas con mayores efectos adversos. Es el caso de los corticoides, por ejemplo, en los procesos inflamatorios, donde permite reducir su ingesta, ya que se sabe que su uso prolongado puede traer aparejado otras cuestiones.

“Por ejemplo, con las neurodegenerativas. A mí me viene a ver mucha gente con parkinson. Yo no lo voy a curar porque es un problema de falta de producción de dopamina en el cerebro. Por eso hay que administrarle L-Dopa o LevoDopa. Lo que el cannabis hace es ayudar a producir más dopamina de la que venía generando, por eso me permitirá darle menos cantidad. A su vez, como muchas de estas drogas generan resistencia, al usar menos voy a poder suministrar por más tiempo y alargar la vida del paciente”, afirma. 

También explica que la atención no es siempre lineal y que, aunque no sea directamente en la dolencia, el cannabis puede ser beneficioso. “A veces vienen por dolor pero yo logro atacar el sueño y el descanso.  Muchas veces hay pasos antes que si no los atacás es muy difícil lograr un resultado”, relata. 

Qué administrar y cómo

Cómo la tomo, cada cuánto, cuál es la dosis indicada. Todas preguntas que surgen cuando se le receta a un paciente una medicación y que deben hacerse con el cannabis.

“Si te ponés el aceite debajo de la lengua el efecto lo vas a tener a la media hora. Y arriba, en dos horas. Sabemos que la absorción por vía digestiva es mucho más errática. Depende para que lo necesitás como lo vas a hacer”, cuenta Ferrari y da un ejemplo: “Cuando tratás trastornos del sueño, no es lo mismo uno de inducción que de mantenimiento. En el primero voy a necesitar un efecto rápido y será de uso sublingual. En cambio, si es porque se despierta durante la noche necesitaré que el efecto de los cannabinoides sea a mitad de la noche y por eso conviene que la absorción sea digestiva”.

¿Y el aceite?

Otro tema es cómo conseguir ese aceite que sea el indicado. Hoy, a partir de los últimos cambios en la normativa, es más fácil la provisión para los pacientes. Aunque todavía “todo se maneja en un gris” que muchas veces dificulta el tratamiento.  “Antes tenía baja confianza en los aceites artesanales, pero hoy te diría que si uno conoce la receta y quién lo elabora los productos son muy buenos. Por suerte en Argentina hay personas que llevan más de 20 años trabajando en esto. Cuando uno hace un trabajo de investigación se necesita una trazabilidad. Hoy se consigue, pero de una forma no del todo legal aún. Hay todo tipo de cultivadores y uno va conociendo. En el IADEN hacemos un montón de cromatografías pero no solo eso, también miramos la carga microbiana, la característica de los terpenos. Creemos en el efecto séquito de los cannabinoides, por eso usamos siempre aceites full spectrum”, relata Ferrari.

La docencia claramente está en su manera de explicar. Los temas se entrelazan durante toda la conversación con pasión. También la divulgación y la importancia de sumar conocimiento. Por eso, destaca la necesidad de que se introduzca en las currículas de la carrera de medicina. “Como existe el sistema circulatorio y el respiratorio está el sistema endocannabinoide. Al no saber esto te estás perdiendo una parte. Debería ser una asignatura de fisiología”.